Cuando la gente te saluda con una efusividad que no parece natural, a pesar de que tu no les correspondes, por lo general quiere decir que estás en un lugar al que no perteneces, o en el que no te quieren. Y ellos quieren hacer parecer, tal vez con la mejor de las voluntades, que no se dan cuenta de ese sencillo hecho. Cuando no logras entrar en el ritmo de los otros, alegrarte con lo mismo o reírte siempre de los mismos chistes, cuando simplemente no tienes las capacidades o las virtudes mínimas y sientes que la gente te ve con pena, aunque tal vez no sea así. Cuando te das cuenta de que no sirves para nada, que te has convertido en una piedra en el zapato, que vives de un pasado que ya no vale para nada, y que a nadie le importa tu opinión, porque de hecho dejó de ser relevante. Cuando te das cuenta de que todas estas cosas, que deberían dolerte, te dejaron de importar, y lo único que te da tristeza es haber fallado una vez más, no haberte dado cuenta de que estabas solo, no haber entendido que confiar en otros no sirve para nada si no pones el 99% tú, tú solito, porque al resto le vale. Cuando la tristeza es por fallarle a Dios y a ti mismo, y que no tengas un solo amigo que te de pena perder, cuando te deje de importar lo que otros esperan de ti porque dejaron de esperar nada de ti, es momento de dar paso a la ruptura. Y con la ruptura viene el alivio.
El alivio de dejar de querer cumplir reglas por cumplir, el alivio de dejar de tener cuidado de presentar la imagen políticamente correcta que se te pide (para evitar que los idiotas de afuera juzguen de acuerdo a su condición). El alivio de despreocuparte de que nadie entienda un carajo de lo que hablas, el alivio de no tener que asentir sin entender. El triste alivio de perder algo bueno pero difícil. Ese alivio que debe sentir aquel al que la camiseta del Liverpool le quedó grande, y que para él no aplicó el "YOU'LL NEVER WALK ALONE", cuando vuelve a su equipo chico pero querido.
Pero también el alivio de reafirmarse en el hecho de que no quiere pertenecer al sistema, ponerse camisa, cortarse la barba, ganar mucha plata y no comer azúcar.
El alivio de saber que, si le toca volver, volverá siendo el mismo outsider, el que alguna vez quiso servir hasta la sangre allí donde no calza, donde no alcanza con buenas intenciones, donde hay que quebrarse a uno mismo para que sea verdadero.
El alivio de saber que, aunque uno no pueda contarse como uno de ellos, todavía hay gente buena dando su vida por hacer cada día la diferencia.