sábado, 14 de noviembre de 2015

Only a Sith deals in absolutes (o de como me voy dando cuenta de que soy Sith)

No es nueva en mi vida la sensación de no pertenecer a nada, de ser un "misfit". Como cuando eres un chico decente de ir a los toros y camisetas Ralph Lauren y acabas en un concierto de la Papaya Dada, o el artista plástico vegano que se despierta de un trip en una subasta de caballos árabes en El Condado (aunque cuando este es el caso parece haber intención de parte del papayero, porque se da cuenta de que está alcanzando su meta de ser "diferente"). 
Dada situación implica riesgos patentes de parte y parte: puedes creerte el bastión de decencia en un maremágnum de depravación y comunismo o considerarte el honesto transgresor en un ciclo sin fin de mojigatería y explotación (*nota del autor: no sé si mojigatería es una palabra o debe decirse mojigatez, mojiguismo, mojigacia. Seguro algún activista de Yale puede basar su tesis de PhD en la importancia de la etimología y la consonancia social de cada palabra desde un enfoque de género, favor atender, si no está muy ocupado haciendo candados). Pero en ambos casos hay una sensación de pez fuera del agua porque tienes una certeza de que hay unas aguas a las cuales volver.
Parece ser que ahora las dos cosas (los niños bien y los niños mal) se han mezclado, como cuando se te riega el jugo en la sopa, en consonancia con ese espíritu indecente de sincretismo que nos abruma. Ahora parece ser que para la clase media alta occidental lo único enfermizo y reprochable es la convicción. 
Decía Chesterton (y voy a parafrasear, vayan con sus normas APA APAsearse) que el buen soldado no lucha porque odia lo que tiene delante, sino porque ama lo que deja atrás. Y yo añado (porque así de osado soy) que justo el problema es que lo único que amamos hoy es a nosotros mismos, y por ende a cualquier guerra no nos impulsa más que el odio a todo aquello que amenace esa imagen romántica de lo que somos y lo que creemos merecer. No hay aguas a las cuales volver porque nunca te sales de tus aguas, tibias y calmadas.
Tengo la esperanza de que el ser un misfit sea señal de que mi alma grita que no somos peces de aguas calmas, tibias. Y mientras me voy quedando sin amigos y mi lengua se va quedando sin filtros asumo que, si bien parte de eso será porque soy un tipo bien despreciable, al que le cuesta suavizar sus palabras y acciones (por miedo a que no se le entienda), al menos una parte será porque no mismo me logro acomodar. Porque aunque yo tampoco (por cobarde) me alzo con las armas de la caridad y la paciencia, sí creo en la caridad y la paciencia (con las personas, jamás con las ideas).  Porque la otra opción es que sea solo sociópata o de plano muy amargado. 
O capaz es porque siempre tengo hambre. Y no de gloria; de grasas saturadas y azúcares refinados. Ve tú a saber.

Saludos en casa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Dios bendiga a los bomberos

Hoy tengo una tristeza enorme. Dos bomberos se han muerto en el incendio de Puembo, haciendo su trabajo por un sueldo injusto mientras nosotros festejamos la última estupidez de un concejal mocero o de la campeona de los derechos de la mujer con la que disque ha andado moceando.

Esos bomberos sí son héroes. Como son héroes los profesores que se apasionan por que los guambras no se envenenen desde chiquitos, y los sacerdotes que dejan su vida por servir a los olvidados. Como los que acogen en su casa a un refugiado, y las monjitas que pasan una vida entera cuidando enfermos terminales porque entienden el valor de pasar los últimos momentos con un poco de cariño y tal vez una esperanza. Como son heroínas las madres solteras que trabajan de jardineras y se pelean por tener horas extras en los parques de las ciudades. Héroes los policías que se toman en serio su trabajo, los médicos que no duermen porque saben que tienen un don escaso, los jubilados que se visten con su terno y su sombrero todos los días para ir a pelear una jubilación que una patria ingrata les quiere ningunear. Héroes los padres que se suben en un bote para huir de la guerra con sus hijos, y los cristianos que se dejan matar por su Fe.

Por otro lado, no son héroes los periodistas deportivos, no son héroes Messi ni Cristiano. No son héroes los parásitos hipócritas que nos dicen que no compremos en Colombia pero compran en Europa y viajan en primera clase, y no son héroes los que viajan medio mundo con la plata que les sobra para salvar perritos de que se les coman los chinos. No somos héroes los que ponemos una foto de un niño ahogado en el Facebook, porque no hacemos NADA por cambiar las desigualdades que claman al Cielo. No es tampoco un héroe ese que con el pretexto de las mismas desigualdades se ha comprado aviones privados (sí, PLURAL), casa en Bélgica, admiradores e "incondicionales".

Dios bendiga a los bomberos.

martes, 14 de abril de 2015

No dejo títere con cabeza.

Buenas buenas, pasaba por aquí para dejarles consejos de vida e información inútil e intolerante, como ha sido y será la costumbre de este espacio virtual en el que espero se sientan como en casa.
En esta fecha he decidido hacer una pequeña lista de las cosas sencillas que haces todos los días y dañan el buen nombre de tu familia. No hablo aquí de cosas grandes y evidentes que deberíamos todos tener claras, como no cumplir tu palabra, frecuentar prostíbulos, incursionar en la delincuencia o ser hincha del Barcelona Sporting Cluttt. Esas son tan obvias que no veo la necesidad de ahondar en la deshonra que implica su práctica. Vamos a analizar algunas un poco menos obvias, que podrían escapársele a tu radar si eres joven e inexperto. Empecemos.

1) El reggaetón: Pocas cosas expresan un desprecio tan grande por la dignidad y el valor de la sexualidad y emotividad humana como la porquería de pseudomúsica para retrasados mentales que no saben bailar que es el reggaetón. Tu gusto por oír y bailar tamaña cochinada desdice públicamente de la educación que suponemos te dieron en tu casa. La vergüenza, el oprobio!

2) Frida Kahlo: No creo que haya necesidad de ahondar en este punto. Tatayascosustopánicopavor. 

3) El animal print en las damas y los pantalones entubados en los hombres. Los dos te hacen parecer suripanta.

4) Ser fanático de Rápidos y Furiosos o poner "Dominic Toreto" en alguna parte de tu carro. Sería menos vergonzoso que pongas Goku.

5) Promulgar tu admiración por Ernesto Guevara. Honestamente, que pensaría tu abuelita de que admires a un asesino sanguinario enemigo de la Fe de tus ancestros? No, no, no, no.

6) Arrejuntarse antes de casarse. Como animalitos.

7) Jactarse de ser lector por haber leído Coelho, harry Potter, las sombras esas de Grey, etc. Lee lo que quieras, pero si quieres conservar el buen nombre de tus padres no le cuentes a nadie.

8) El palito para selfies: nada dice "soy escoria de red social" como el gasto en una superfluosidad tan inútil. 

9) El uso de las palabras "papo", "mijín", "dinero", "cabello", "indicar", "descambiar", "bodi", decirle "máquina" a la compu, "amigo", "pana", "socio" al que te pasa el balón, o, por el contrario, ofenderte con el uso de la palabra "chapa" para referirte a la policía nacional.

10) Ir a misa en "chor" o licra y camiseta, o con la ropa con la que fuiste a jugar golf porque eres hijo de nuevos ricos.

11) Los ternos con solapa de otro color son fuente inagotable de afrenta, humillación, deshonra, abyección, infamia, ultraje, obscenidad, indecencia, abominación, torpeza, escándalo, degradación, mancha, vilipendio, baldón, al igual que las luces led en los aros del móvil.

12) Ser político. No se me ocurre nada que hable tan mal de tu familia y de los valores que te inculcaron tus padres como el dedicarte profesionalmente a la mentira, la negociación de principios, la venta de humo y el culto a la personalidad.

13) El cosplay.

14) El activismo por los derechos de los animales. Sólo te hace parecer ignorante y desconectado de la realidad de la gente.

De momento no se me ocurren más, pero espero todos hayan encontrado alguna razón para sentirse ofendidos por este pequeño análisis de la profunda vulgaridad que se ha tomado todos los estamentos de nuestra sociedad. Saludos en casa.