Yo tiendo a ser políticamente incorrecto. Antes era por rebelde, pero ahora tengo una razón esencialmente filosófica. Lo políticamente correcto es nada más que el sacrificio de la búsqueda de la Verdad en favor de la convivencia. El problema es que la convivencia que no se basa en la verdad (o en la búsqueda de la misma) acaba por ser deshumanizante.
El ser políticamente correctos lleva a la sociedad a meter actitudes, filosofías y comportamientos esencialmente dañinos dentro del mainstream cultural y moral. Y eso, por decir de alguna manera, hace que la gente sea menos gente (y más estúpida por el ambiente acrítico que se alimenta de lugares comunes). Por poner un ejemplo bien tonto, si no fuera por lo políticamente correcto nunca hubiera existido la oda a la estupidez que es Jersey Shore.
No me refiero tanto a las expresiones forzadas como "no-vidente" que simplemente son sinónimos de otras que por alguna razón alguien decidió que son peyorativas,aunque a veces también es tan ridículo el asunto que la palabra original acaba convirtiéndose en peyorativa por el uso común de la otra. Yo soy alto, calvo, gordito, y barbón; y no espero que me digan "sobreestaturado, no coronilla-piloso, especialmente dimensionado y rostro pelodotado" ni nada por el estilo. Calvo no es insulto, es adjetivo. Ciego no es insulto, es adjetivo. Creo que todos estamos lo suficientemente grandecitos como para distinguir las palabras verdaderamente peyorativas de las otras, y cuándo las otras se usan en una oración con la intención de descalificar. Dejémonos de vainas.
Me refiero más bien a los comportamientos que creo que están mal, y, que en pro de la "convivencia", la sociedad me quiere prohibir que denuncie como malos. Ejemplos más importantes: relaciones homosexuales, aborto, ciertos tipos de adopción, educación sexual, drogas, abuso de alcohol. Porque resulta que aparentemente es intolerante de mi parte decir que el acto homosexual (y toda relación sexual fuera del matrimonio tradicional) es gravemente desordenado, o decir que me parece inapropiado que una pareja homosexual adopte un niño (porque creo que tener hijos como para "sentir la experiencia completa de la vida" o sentirse "realizado" es egoísta e incompleto, pues es algo que debe implicar todo el proceso natural desde la concepción hasta la vida de familia; y porque el niño tiene derecho a crecer en un ambiente que presente una noción correcta de la realidad y la complementariedad entre sexos).
Si dos personas quieren vivir como pareja homosexual no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Pero tengo derecho a decir que creo que es desordenado, como cuando conviven hombre y mujer sin compromiso real y la intención de que sea para toda la vida (lo que se resume en el matrimonio obviamente). tengo la obligación de denunciar lo que creo que está mal, la obligación moral. Y la respuesta del otro lado no puede ser tan simple como decirme "es que tu moral es anticuada e injusta", porque yo he elegido libre y conscientemente mi sistema de creencias por considerar que es el verdadero y no voy a renunciar a el por quedar bien con NADIE.
Lo verdaderamente grave es que la tolerancia de los políticamente correctos sólo aplica a las ideas políticamente correctas. Yo, como soy políticamente incorrecto, no creo en "tolerancia a las ideas" (y déjenme explicar antes que me salten al cuello) pero sí creo en el respeto y amor a toda PERSONA. Si creo que una idea es perniciosa, diré que la idea es perniciosa. Pero no por ello buscaré generar odio ni decir que es menos valiosa o digna de respeto (incluyéndose el derecho de pensar lo que le de la gana) la PERSONA que la sostiene. Más claro: si alguien me dice "yo creo que la ley de gravedad no existe, sino que la CIA nos implantó imanes en los pieses porque no quiere que podamos volar como nuestros antepasados" le voy a decir "estás terriblemente equivocado por x, y, z razones" y "tu idea es peligrosa y malsana" pero nunca le voy a decir "eres malo, peligroso y malsano y te vas a ir al infierno" porque simplemente a mí me toca juzgar la moralidad de las ideas y los actos en términos generales, no la conciencia o intención de las personas. Eso se lo dejo a Dios. Nada más pido esa tolerancia de parte del otro lado. Dejen de escupir (literal) a las personas que defienden lo que creen son los derechos de una niña (dada la coyuntura actual) y confíen en el poder de las ideas. La violencia ha sido siempre el argumento del incapaz, y lastimosamente, eventualmente hasta el capaz tendrá que responder con severidad. En palabras de Orwell, "el hombre verdaderamente libre es aquel que dice lo que los demás no quieren oír". No el que agrede al otro porque no está de acuerdo con el estilo de vida que uno lleva. Ojo, en toda discrepancia de lado y lado hay quienes manejan correcta e incorrectamente las diferencias, y yo he sido violento al querer tener la razón más de lo que quiero comunicar la Verdad en más de una ocasión. Al que le quede el guante...
jueves, 26 de abril de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Reproduzco enteramente el artículo que escribió el director de Human Life International para el newsletter de esta semana. Me parece que vale la pena.
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sábado, 21 de abril de 2012
Ayer fue un día bizarro.
Ayer estuve hablándole por 2 minutos a un hombre que resultó ser sordo, el cual estaba parado en un campo todo sembrado de árboles de navidad. Me ofrecieron regalarme un lechón, hice 4x4 entre parcelas de maíz y cerdos y busqué como por una hora la escuela Jacinto Collahuaso. Un policía me dijo que vaya "para arriba" cuando era "para abajo" y vi una cerca hecha de parachoques. Conocí una guardería llamada "Goteritas" (literal, "Goteritas"!) y una señora enlodada hasta las muñecas me dijo que no me podía ayudar. Fui golpeando las puertas de varias casas aparentemente abandonadas buscando a Juan Jose Simbaña y resultó que la casa de Juan José Simbaña era la única con timbre. Conocí un santuario en la mitad de la nada, aprendí que el costal de aserrín vale 50 centavos, tuve miedo de que me disparen.
A las 2 de la mañana me rodearon 4 policías en moto como a comitiva presidencial, me preguntaron a dónde me dirigía y me dejaron ir. Caminé en la lluvia y aprendí a secar los lentes en el desempañador del parabrisas. Consideré interesarme por cierta mujer, calculé mis probabilidades y descarté la posibilidad. Medité sobre Cristo crucificado, y sobre el valor del dolor. Vi como un muy digno estudiante universitario se pegaba un suelazo y recé el rosario con cientos de personas. Compré dulce de leche de tienda de barrio y casi me pego un suelazo yo también. Vi un globo de aire caliente en la mitad de Cumbayá (de los grandotes, no de los de papel) y casi me choco por estar viendo.
Y no, no estaba soñando, no tomo, no me drogo. Sólo fue un día muy bizarro.
Sin embargo, lo más increíble del día fue que recibí a Jesús Sacramentado, y lo puedo hacer todos los días de mi vida; sordos, lechones, globos y aserrín de lado, Dios me regaló un gran día.
A las 2 de la mañana me rodearon 4 policías en moto como a comitiva presidencial, me preguntaron a dónde me dirigía y me dejaron ir. Caminé en la lluvia y aprendí a secar los lentes en el desempañador del parabrisas. Consideré interesarme por cierta mujer, calculé mis probabilidades y descarté la posibilidad. Medité sobre Cristo crucificado, y sobre el valor del dolor. Vi como un muy digno estudiante universitario se pegaba un suelazo y recé el rosario con cientos de personas. Compré dulce de leche de tienda de barrio y casi me pego un suelazo yo también. Vi un globo de aire caliente en la mitad de Cumbayá (de los grandotes, no de los de papel) y casi me choco por estar viendo.
Y no, no estaba soñando, no tomo, no me drogo. Sólo fue un día muy bizarro.
Sin embargo, lo más increíble del día fue que recibí a Jesús Sacramentado, y lo puedo hacer todos los días de mi vida; sordos, lechones, globos y aserrín de lado, Dios me regaló un gran día.
viernes, 20 de abril de 2012
Sobre el Conocimiento
Una vez más advierto que las ideas son inconexas y lo que escribo carece de sistema, solo son pensamientos más bien libres (así que si se encuentran con alguna burrada sabrán disculpar y procederán a corregir).
Cuando era un guagua apasionado por los videojuegos (ahora soy un inmaduro apasionado por los videojuegos) hubo uno en particular que me marcó para toda la vida, y no por el gameplay o la historia (es más, es un juego irrelevante para mí como tal) sino simplemente porque en la presentación salía una frase que no me he podido quitar de la cabeza en los más de 10 años que han pasado desde que lo jugué por primera vez: "there is no knowledge that is not power" o sea, "no hay conocimiento que no sea poder".
En mi casa son muy católicos; pero si hay algún tipo de idolatría que puedo imaginar como tentadora para mis papás es la del conocimiento, y ese amor loco por los libros y la "cultura" fue siempre parte del ambiente en que me crié, resultando que yo daba esto por sentado. Pero pensando un poco en la frase dichosa y con el paso de los años toca reflexionar sobre la función del conocimiento y su lugar en la vida (hoy día estoy más profundo que el sueño de un hombre viendo The Notebook).
La frasecita suena como maquiavélica pero es esencialmente cierta: todo conocimiento implica posibilidades de respuesta o acción, lo que hace que seas potencialmente más versátil o capaz. Pero se debe hacer una distinción inicial y básica: no todo poder es bueno y no todo poder debe ser ejercido, por lo que no siempre todo conocimiento es deseable y no todo conocimiento ha de ser buscado.
Para mí es importante saber que hemos de buscar primeramente el conocimiento que nos conceda el poder que nos corresponde y nos es necesario, y es importante saber que eso en cada caso puede ser distinto. Por poner un ejemplo un poco en blanco y negro (y sin querer meterme en casuística), digamos que yo buscara conocer los hábitos criminales de un asesino en serie. Probablemente sería por una curiosidad morbosa, dándome la posibilidad (el poder) de imaginar o pensar cosas oscuras e incluso dañinas. Pero el detective o el siquiatra se ve obligado a buscar ese conocimiento para adquirir el poder de entender y atrapar al criminal.
Igualmente pienso que el conocimiento en sí mismo no puede ser un fin, como el poder en sí mismo no puede serlo. El conocimiento alimenta al entendimiento, y las conclusiones del entendimiento mueven a la voluntad a hacer (o no hacer) tal y cual cosa para tal o cual finalidad. Si el conocimiento alimenta al entendimiento para que mueva la voluntad con el única fin de conseguir más conocimiento te metes en famosísimo conocido y nunca bien ponderado círculo vicioso. Lo contrario también está mal: dejar de lado el conocimiento y limitarse al instinto o al sentimiento.
John Henry Newman y G.K. Chesterton (ando muy inglés últimamente) captaron que la prioridad es conseguir el conocimiento que me permita -me de el poder- de buscar y acercarme a la Verdad. Esa es para mí la principal utilidad del conocimiento, aunque suene a perogrullada (linda palabra perogrullada, en el podio junto a esmerílemelo y esternocleidomastoideo). Eso de ninguna manera quiere decir que pierdan relevancia las manifestaciones mundanas de la literatura (y del arte en general);ellas te dan un poder importantísimo: el de entender mejor al hombre y al mundo (mundo como creación y no mundo como en "mundo, demonio y carne", aunque también a ese mundo hay que entenderlo) y el de disfrutarlos y amarlos en cuanto partes valiosas de nuestras vidas (no, no me gustan los hombres, digo hombre diciendo "humano", aunque se me indignen las feministas (no creo que nunca una feminista aterrice en mi blog (es la primera vez que meto un paréntesis en un paréntesis en un paréntesis!!!!!))).
Toda esta verborrea (o verborragia) cuasi filosófica es para poder entrar a pensar en el uso que le doy al conocimiento, y si lo estoy adquiriendo donde debo. Pero habiendo comenzado la reflexión dejo el resto para una siguiente ocasión, y no prometo nada. Además he notado que mi amor por los paréntesis en la escritura solamente se compara con mi odio por los mismos en las matemáticas (prefiero los corchetes [] y las llaves { }).
Ahora sí he estado dado cuerda (jejeje). Bendiciones.
Cuando era un guagua apasionado por los videojuegos (ahora soy un inmaduro apasionado por los videojuegos) hubo uno en particular que me marcó para toda la vida, y no por el gameplay o la historia (es más, es un juego irrelevante para mí como tal) sino simplemente porque en la presentación salía una frase que no me he podido quitar de la cabeza en los más de 10 años que han pasado desde que lo jugué por primera vez: "there is no knowledge that is not power" o sea, "no hay conocimiento que no sea poder".
En mi casa son muy católicos; pero si hay algún tipo de idolatría que puedo imaginar como tentadora para mis papás es la del conocimiento, y ese amor loco por los libros y la "cultura" fue siempre parte del ambiente en que me crié, resultando que yo daba esto por sentado. Pero pensando un poco en la frase dichosa y con el paso de los años toca reflexionar sobre la función del conocimiento y su lugar en la vida (hoy día estoy más profundo que el sueño de un hombre viendo The Notebook).
La frasecita suena como maquiavélica pero es esencialmente cierta: todo conocimiento implica posibilidades de respuesta o acción, lo que hace que seas potencialmente más versátil o capaz. Pero se debe hacer una distinción inicial y básica: no todo poder es bueno y no todo poder debe ser ejercido, por lo que no siempre todo conocimiento es deseable y no todo conocimiento ha de ser buscado.
Para mí es importante saber que hemos de buscar primeramente el conocimiento que nos conceda el poder que nos corresponde y nos es necesario, y es importante saber que eso en cada caso puede ser distinto. Por poner un ejemplo un poco en blanco y negro (y sin querer meterme en casuística), digamos que yo buscara conocer los hábitos criminales de un asesino en serie. Probablemente sería por una curiosidad morbosa, dándome la posibilidad (el poder) de imaginar o pensar cosas oscuras e incluso dañinas. Pero el detective o el siquiatra se ve obligado a buscar ese conocimiento para adquirir el poder de entender y atrapar al criminal.
Igualmente pienso que el conocimiento en sí mismo no puede ser un fin, como el poder en sí mismo no puede serlo. El conocimiento alimenta al entendimiento, y las conclusiones del entendimiento mueven a la voluntad a hacer (o no hacer) tal y cual cosa para tal o cual finalidad. Si el conocimiento alimenta al entendimiento para que mueva la voluntad con el única fin de conseguir más conocimiento te metes en famosísimo conocido y nunca bien ponderado círculo vicioso. Lo contrario también está mal: dejar de lado el conocimiento y limitarse al instinto o al sentimiento.
John Henry Newman y G.K. Chesterton (ando muy inglés últimamente) captaron que la prioridad es conseguir el conocimiento que me permita -me de el poder- de buscar y acercarme a la Verdad. Esa es para mí la principal utilidad del conocimiento, aunque suene a perogrullada (linda palabra perogrullada, en el podio junto a esmerílemelo y esternocleidomastoideo). Eso de ninguna manera quiere decir que pierdan relevancia las manifestaciones mundanas de la literatura (y del arte en general);ellas te dan un poder importantísimo: el de entender mejor al hombre y al mundo (mundo como creación y no mundo como en "mundo, demonio y carne", aunque también a ese mundo hay que entenderlo) y el de disfrutarlos y amarlos en cuanto partes valiosas de nuestras vidas (no, no me gustan los hombres, digo hombre diciendo "humano", aunque se me indignen las feministas (no creo que nunca una feminista aterrice en mi blog (es la primera vez que meto un paréntesis en un paréntesis en un paréntesis!!!!!))).
Toda esta verborrea (o verborragia) cuasi filosófica es para poder entrar a pensar en el uso que le doy al conocimiento, y si lo estoy adquiriendo donde debo. Pero habiendo comenzado la reflexión dejo el resto para una siguiente ocasión, y no prometo nada. Además he notado que mi amor por los paréntesis en la escritura solamente se compara con mi odio por los mismos en las matemáticas (prefiero los corchetes [] y las llaves { }).
Ahora sí he estado dado cuerda (jejeje). Bendiciones.
lunes, 16 de abril de 2012
Sobre si quiero ser santo
Una vez más expongo unas pocas ideas no muy conectadas y que tal vez solo tengan sentido desde mi experiencia personal.
En el camino espiritual una vez empezado me he encontrado con 2 posibilidades claras:
a) Vas viendo cual es tu vocación o posición y a medida que avanzas decides ser santo; o
b) Decides ser santo (y listo el pollo).
La segunda es simplemente la correcta. "Busca primero el Reino de Dios...". Pero yo obviamente (y para darle el toque irónico a la cosa) siempre he optado por la primera. Lo bueno de eso es que me ha tocado aprender por las malas algunas cosas interesantes.
Ahora voy a escribir sobre el problema de la pureza de intención (y solo desde par aspectos).
Cuando vas por el camino a) suele pasar que te enganchas del trabajo espiritual (en mi caso de la prédica en público) y como haces generalmente algo que se te da natural y a lo que te sientes llamado (para otros la cosa va más hacia el trabajo social, o la vida de oración, o el estudio y la escritura, por ejemplo) ese algo bueno en sí mismo y bienintencionado casi siempre acaba convirtiéndose en un fin y un límite.
Comienzas a limitarte a cumplir. La ley de Dios es el amor; ahora, una de las condiciones para que el amor sea real y pleno es que no elija las circunstancias en que va a amar, sino que ame donde toque y como toque. Entonces por más santamente que predique (o sirva al necesitado o lo que sea) no voy a ser santo porque mi amor es cómodo, nunca se sale de su comfort zone. Ahora yo me doy cuenta de que si hubiera tomado una opción radical por la santidad desde el vamos hubiera sido mucho más difícil asumir inconscientemente que lo mío era la prédica y nada más. La prédica para mí acabó siendo un fin, en el sentido de que satisfacía una necesidad: la de creer que algo hacía.
Cuando la meta es ser bueno y estar con Dios, y ayudar, y lo que quieras, pero no ser santo, te apoyas en cosas distintas de Cristo para mantenerte a flote. Dichas cosas pueden ser el momento ameno (ameno que no te guste! jejeje chiste malo inevitable) que pasas con tu comunidad de fe, los amigos que haces en ella, etc. Y pasa lo mismo: esas cosas buenas y hermosas que son parte valiosa de la vida cristiana dejan de ser medios para la santidad y fuentes de fuerza y se convierten en fines en sí mismos.
A mí me pasó lo siguiente: una amistad hermosa que yo tenía acabó conmigo perdidamente enamorado de la chica (cosa que no tiene nada de malo, dicho sea de paso). La cosa es que no me quería dar cuenta de que más me preocupaba si estaba ella o no que el servir y ser santo. Iba a mis actividades religiosas mas por ella que por Cristo. Cuando el asunto llegó a su punto crítico me tocó asumir que estaba motivándome egoístamente, que esa persona era una muleta de mi vida espiritual y que debía reflexionar sobre mi vocación al servicio en mi comunidad. Y nótese que yo nunca pensé en mi comunidad como un sitio para conseguir novia o amigos, o contactos, ni nada por el estilo, pero al no tener clara la meta de la santidad "by any means necessary" yo escondía mi supuesta meta de Cristo (bienintencionada y todo) en cualquier cosa pasajera (te preguntas de quién me enamoré? ese no es el punto y te prohibo averiguar, porque no te va a llevar a crecer en santidad. Es más, el chisme es el peor enemigo de la comunidad cristiana.).
La vocación a la santidad, que es para todos (no sólo curitas y monjitas), es algo en lo que el católico promedio no ha pensado jamás. Creemos que capaz suena muy difícil y por tanto no debemos predicarlo para que la gente no se asuste, cuando en verdad sólo el amor radical convence,sólo la exigencia absoluta implica premio valioso. Tenemos en el alma esa concienciade que lo que en verdad vale se gana con esfuerzo, y por eso no perseguimos lo que se nos presenta fácil, tibio. Si Cristo cambió el mundo fue dando su vida. Esa radicalidad convence. Lo demás, como dice el Eclesiastés, es vanidad. Y como dice San Pedro, el oro se prueba en el fuego.
Busco simplemente apoyar el argumento de que la diferencia entre querer ser bueno y virtuoso y querer ser santo no es menor, porque la una es la típica del "cristiano pero no fanático" y la otra es la del cristiano,; y porque la una no necesariamente conduce a la otra (como yo creía). En la una la meta acaba siendo difusa, y por ende acaba acomodándose al caminante. En la otra se es o no se es. En la una valen muchas cosas. En la otra "solo es una la que importa". Yo perdí mi norte sin mala intención y queriendo servir. Si no quieres perder el norte, vive con la convicción de que lo único que vale en esta vida es ser santo y nada más.
Ya me quedé sin cuerda otra vez. Bendiciones.
En el camino espiritual una vez empezado me he encontrado con 2 posibilidades claras:
a) Vas viendo cual es tu vocación o posición y a medida que avanzas decides ser santo; o
b) Decides ser santo (y listo el pollo).
La segunda es simplemente la correcta. "Busca primero el Reino de Dios...". Pero yo obviamente (y para darle el toque irónico a la cosa) siempre he optado por la primera. Lo bueno de eso es que me ha tocado aprender por las malas algunas cosas interesantes.
Ahora voy a escribir sobre el problema de la pureza de intención (y solo desde par aspectos).
Cuando vas por el camino a) suele pasar que te enganchas del trabajo espiritual (en mi caso de la prédica en público) y como haces generalmente algo que se te da natural y a lo que te sientes llamado (para otros la cosa va más hacia el trabajo social, o la vida de oración, o el estudio y la escritura, por ejemplo) ese algo bueno en sí mismo y bienintencionado casi siempre acaba convirtiéndose en un fin y un límite.
Comienzas a limitarte a cumplir. La ley de Dios es el amor; ahora, una de las condiciones para que el amor sea real y pleno es que no elija las circunstancias en que va a amar, sino que ame donde toque y como toque. Entonces por más santamente que predique (o sirva al necesitado o lo que sea) no voy a ser santo porque mi amor es cómodo, nunca se sale de su comfort zone. Ahora yo me doy cuenta de que si hubiera tomado una opción radical por la santidad desde el vamos hubiera sido mucho más difícil asumir inconscientemente que lo mío era la prédica y nada más. La prédica para mí acabó siendo un fin, en el sentido de que satisfacía una necesidad: la de creer que algo hacía.
Cuando la meta es ser bueno y estar con Dios, y ayudar, y lo que quieras, pero no ser santo, te apoyas en cosas distintas de Cristo para mantenerte a flote. Dichas cosas pueden ser el momento ameno (ameno que no te guste! jejeje chiste malo inevitable) que pasas con tu comunidad de fe, los amigos que haces en ella, etc. Y pasa lo mismo: esas cosas buenas y hermosas que son parte valiosa de la vida cristiana dejan de ser medios para la santidad y fuentes de fuerza y se convierten en fines en sí mismos.
A mí me pasó lo siguiente: una amistad hermosa que yo tenía acabó conmigo perdidamente enamorado de la chica (cosa que no tiene nada de malo, dicho sea de paso). La cosa es que no me quería dar cuenta de que más me preocupaba si estaba ella o no que el servir y ser santo. Iba a mis actividades religiosas mas por ella que por Cristo. Cuando el asunto llegó a su punto crítico me tocó asumir que estaba motivándome egoístamente, que esa persona era una muleta de mi vida espiritual y que debía reflexionar sobre mi vocación al servicio en mi comunidad. Y nótese que yo nunca pensé en mi comunidad como un sitio para conseguir novia o amigos, o contactos, ni nada por el estilo, pero al no tener clara la meta de la santidad "by any means necessary" yo escondía mi supuesta meta de Cristo (bienintencionada y todo) en cualquier cosa pasajera (te preguntas de quién me enamoré? ese no es el punto y te prohibo averiguar, porque no te va a llevar a crecer en santidad. Es más, el chisme es el peor enemigo de la comunidad cristiana.).
La vocación a la santidad, que es para todos (no sólo curitas y monjitas), es algo en lo que el católico promedio no ha pensado jamás. Creemos que capaz suena muy difícil y por tanto no debemos predicarlo para que la gente no se asuste, cuando en verdad sólo el amor radical convence,sólo la exigencia absoluta implica premio valioso. Tenemos en el alma esa concienciade que lo que en verdad vale se gana con esfuerzo, y por eso no perseguimos lo que se nos presenta fácil, tibio. Si Cristo cambió el mundo fue dando su vida. Esa radicalidad convence. Lo demás, como dice el Eclesiastés, es vanidad. Y como dice San Pedro, el oro se prueba en el fuego.
Busco simplemente apoyar el argumento de que la diferencia entre querer ser bueno y virtuoso y querer ser santo no es menor, porque la una es la típica del "cristiano pero no fanático" y la otra es la del cristiano,; y porque la una no necesariamente conduce a la otra (como yo creía). En la una la meta acaba siendo difusa, y por ende acaba acomodándose al caminante. En la otra se es o no se es. En la una valen muchas cosas. En la otra "solo es una la que importa". Yo perdí mi norte sin mala intención y queriendo servir. Si no quieres perder el norte, vive con la convicción de que lo único que vale en esta vida es ser santo y nada más.
Ya me quedé sin cuerda otra vez. Bendiciones.
martes, 10 de abril de 2012
Sobre la Resurrección
En estos días en que gran parte del mundo cristiano celebra la Resurrección de Jesucristo me parece que vale la pena reflexionar un poco sobre lo que implica para la vida de los que creemos en Él, y un poco para aquellos que tienen una sincera búsqueda de verdad y están abiertos a considerar a Cristo. Sin mucho orden algunas ideas fundamentales para mí:
Antes que nada, la Resurrección es un punto de inflexión para la decisión de seguir a Cristo: si resucitó lo sigo, si no, pues no. “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra predicación, vana es nuestra fe. Y somos falsos testigos de Dios porque testificamos contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó” (I Cor 15,14s). Más allá de todo lo que hizo antes, de sus milagros y sus prodigios, el vencer a la muerte (y a una muerte indudable, que ante cientos de testigos implicó derramar hasta última gota de sangre) es la señal inequívoca de su unción divina.
Creer en la Resurrección es creer en algo que parece imposible (y como tal, mentira) y suena a fábula. Y es por eso que la fe en Cristo implica aceptar cosas que están más allá de mi capacidad de "procesar". A lo que quiero llegar es que en ocasión de esta fiesta me pongo a pensar en la búsqueda honesta de la verdad objetiva, porque la acción divina nos obliga a entender una cosa: la verdad objetiva (pongamos "Verdad" con mayúscula) es externa a mí; mi existencia o no existencia, mi reflexión sobre la misma o total indiferencia hacia ella, mi conciencia de la posibilidad o mi ignorancia no la modifican: Cristo resucitó o no resucitó- y una de las opciones es verdad independientemente de lo que yo crea o piense- y punto. Esta perogrullada filosófica (el ser y el no ser no pueden ocurrir al mismo tiempo para un x determinado) tiene como fin argumentar que NO SOLO LO QUE ENTIENDO O PUEDO MEDIR PUEDE EXISTIR. Si algo existe, existe más allá de que yo haya inventado un instrumento para detectarlo y medirlo o no (en términos físicos); y la posibilidad misma de que existan cosas NO físicas (espirituales) niega la posibilidad de descartarlas por medios físicos. Esta verdad tan simple es causa de un montón de peleas inútiles. Y extendemos un poquito más allá el concepto: que yo (o el ser humano como especie y civilización) no tenga la capacidad de comprender algo, no significa que no exista. La capacidad intelectual del humano no es la medida de las posibilidades del ser.
Si Cristo resucitó, es porque es Dios o su enviado. Entonces ¿por qué dejó Dios que le maten tan terriblemente? Esta aparente contradicción solo tiene su respuesta en el amor. La fe cristiana se resume en el amor, y aunque no voy a profundizar aquí sobre la doctrina de redención y justificación (en parte porque no acabo de entenderla del todo todavía) la victoria de Cristo sobre la muerte es algo que podemos compartir, si queremos. Pero implica morir primero y por amor. Ahora, como dice Benedicto XVI en Caritas in Veritate, el verdadero amor depende de su unión con la verdad. Que yo crea que haga algo por amor depende en gran medida de que se fundamente en la Verdad, y los actos que se hacen por supuesto amor basados en falsedades derivan en sentimentalismos y egoísmos. Si Dios es Verdad ("Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida") el amor dependerá de su unión al plan de Dios. Por eso, "no es verdadero amor lo que sin Dios se hace".
La fiesta de la Resurrección es la más importante para los cristianos, y sin duda alguna para los que somos católicos. Hemos de entender que es más importante la victoria de Cristo sobre la muerte que su nacimiento, aunque la Navidad sea una fiesta importantísima y con toda razón. El misterio del nacimiento de Cristo (que comienza con la conmemoración de la Encarnación de Jesús en María en la Anunciación el 25 de marzo) conduce siempre a la cruz, y solo en ella encuentra su plenitud. La vida de Cristo en la Tierra es la parte culminante de la historia de la Salvación, y no se puede separar sus partes a conveniencia. Por eso la Iglesia celebra la vida de Cristo a través de todo el año litúrgico, y el católico debe vivir todo el año para poder aprovechar la liturgia en plenitud. A mí me pasó que vivía mi fe por épocas, y ahora que trato de participar de todos los tiempos litúrgicos, me siento mucho más cercano a Cristo y entiendo mucho mejor su mensaje. Es más, me convence más. Por ello es que la crítica a la Iglesia por no flexibilizar más la liturgia corre el riesgo de no entender que, en la fe cristiana, el "cómo" del culto es ESENCIAL al "qué", porque la vivencia de nuestra fe es en cuerpo y alma y debe implicar a la integridad del ser humano (hasta la parte emocional, aunque siempre sometida a la racional). Así el "espíritu" de la doctrina se absorbe correctamente.
Ya me quedé sin cuerda. Bendiciones.
domingo, 1 de abril de 2012
Par poesías de mis favoritas
No pongo el link porque la verdad no encontré estas en ninguna parte, pero las transcribo porque me encantan.
Plegaria
Un hambre infinita que en saciar me empeño,
una sed que el alma mitigar procura,
¡sin que nada calme mis hambres de ensueño,
sin que nada alivie mi sed de ternura!
¡Señor poderoso! Tú que eres el dueño
de nuestras tristezas o nuestra ventura,
Tú que coronaste tu divino sueño
deamor, de esperanza, piedad y dulzura;
Tú que en todo velas y que en todo existes,
que todo lo puedes y todo lo sabes,
que en el abandono y el mal nos asistes,
Alivia la angustia de mis horas graves,
¡hazme el don humilde de unos labios suaves,
unas manos buenas y unos ojos tristes!
Ernesto Noboa y Caamaño
Plegaria
Un hambre infinita que en saciar me empeño,
una sed que el alma mitigar procura,
¡sin que nada calme mis hambres de ensueño,
sin que nada alivie mi sed de ternura!
¡Señor poderoso! Tú que eres el dueño
de nuestras tristezas o nuestra ventura,
Tú que coronaste tu divino sueño
deamor, de esperanza, piedad y dulzura;
Tú que en todo velas y que en todo existes,
que todo lo puedes y todo lo sabes,
que en el abandono y el mal nos asistes,
Alivia la angustia de mis horas graves,
¡hazme el don humilde de unos labios suaves,
unas manos buenas y unos ojos tristes!
Ernesto Noboa y Caamaño
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