sábado, 21 de abril de 2012

Ayer fue un día bizarro.

Ayer estuve hablándole por 2 minutos a un hombre que resultó ser sordo, el cual estaba parado en un campo todo sembrado de árboles de navidad. Me ofrecieron regalarme un lechón, hice 4x4 entre parcelas de maíz y cerdos y busqué como por una hora la escuela Jacinto Collahuaso. Un policía me dijo que vaya "para arriba" cuando era "para abajo" y vi una cerca hecha de parachoques. Conocí una guardería llamada "Goteritas" (literal, "Goteritas"!) y una señora enlodada hasta las muñecas me dijo que no me podía ayudar. Fui golpeando las puertas de varias casas aparentemente abandonadas buscando a Juan Jose Simbaña y resultó que la casa de Juan José Simbaña era la única con timbre. Conocí un santuario en la mitad de la nada, aprendí que el costal de aserrín vale 50 centavos, tuve miedo de que me disparen.
A las 2 de la mañana me rodearon 4 policías en moto como a comitiva presidencial, me preguntaron a dónde me dirigía y me dejaron ir. Caminé en la lluvia y aprendí a secar los lentes en el desempañador del parabrisas. Consideré interesarme por cierta mujer, calculé mis probabilidades y descarté la posibilidad. Medité sobre Cristo crucificado, y sobre el valor del dolor. Vi como un muy digno estudiante universitario se pegaba un suelazo y recé el rosario con cientos de personas. Compré dulce de leche de tienda de barrio y casi me pego un suelazo yo también. Vi un globo de aire caliente en la mitad de Cumbayá (de los grandotes, no de los de papel) y casi me choco por estar viendo.
Y no, no estaba soñando, no tomo, no me drogo. Sólo fue un día muy bizarro.
Sin embargo, lo más increíble del día fue que recibí a Jesús Sacramentado, y lo puedo hacer todos los días de mi vida; sordos, lechones, globos y aserrín de lado, Dios me regaló un gran día.

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