Estos últimos días me ha tocado asumir una renuncia muy fuerte, tal vez es la cosa más dolorosa que me ha pasado este último año. No se asusten, no es nada en sí mismo grave, pero sí muy doloroso. Resulta que tomé la decisión de entregarme totalmente al servicio en mi comunidad (y hasta ahí todo bien, no me arrepiento ni pizca) y todo parecía estar en orden, pero en mí crecía una certeza que hace rato se cocinaba pero que yo no quería asumir, porque asumirla significaba aceptar un sacrificio muy grande. En una conversación con el jefe de mi comunidad (asociación de fieles privada creo que es el término técnico) que aparte es mi amigo, brotó de mí la necesidad de enfrentar eso pero lo que es es ya. No entro en detalle pero el problema es que la cosa implica usa situación de dificultad real que se presenta precisamente durante el tiempo que sirvo en la comunidad. O sea, me dificulta intensamente cumplir con mis obligaciones, pero si no la hago NO PUEDO cumplir plenamente con mis obligaciones (al menos por un tiempo). Cosa rara, esta renuncia es necesaria para servir, pero al mismo tiempo me lo dificulta. Pensar en esto me llevó a una conclusión: el servicio cómodo no es más que soberbia espiritual.
Me explico: no estoy diciendo que el servicio consiste en estarse buscando cosas difíciles para hacer porque sino necesariamente soy un soberbio que se autocomplace en la comodidad de sus actos. Yo creo que Dios nos arma a a cada uno con cierta inclinación hacia alguna área del apostolado, y lo hace para que encontremos una estabilidad y nos vayamos enamorando poco a poco, por probaditas, de su servicio. Por ejemplo, yo me siento muy cómodo en lo que se refiere a predicación y enseñanza, hay gente que se siente más llamada a la oración, otros a la organización, otros a un servicio más personal al necesitado (con ancianos, enfermos, etc) y así montón de cosas. Y está muy bien que hallemos ese apostolado y un poco nos especialicemos, porque como dice San Pablo (creo), muchos son los carismas pero uno solo es el Espíritu. A lo que voy es a que yo tengo que ir siempre un poquito más allá. Si a mí lo que me gusta es predicar, corro el riesgo de que cuando me inviten a otro tipo de apostolado (llámese cuidar enfermos o lo que sea) responda negativamente y ponga excusas porque "lo mío es predicar". Lo que está pasando ahí es que probablemente te acomodaste, y tu predicación acaba siendo un tranquilizante de la propia conciencia. Simplemente te quedas en el "yo ya hago lo mío" y te olvidas del hacer TODO lo que puedas, incluido lo difícil. Capaz te has acomodado con hacer ciertas donaciones, o con dar catequesis, o con participar en un grupo juvenil, o con cualquier tipo de servicio. Pero si sólo haces lo que te es cómodo, tu amor es muy chiquito.
Mi ejemplo puede ser muy tonto, pero a mí me pasa que se me dificulta precisamente aquello que ya me era cómodo, seguramente porque Dios quiere que lo aprecie y me salga de la comodidad, que aprenda a decir que sí SIEMPRE. Que lo haga por verdadero amor a las almas y no por rutina o por los consuelos que uno encuentra en el camino (me atrevo a decir que mi renuncia es a uno de esos consuelos, porque corrió el riesgo de convertirse en un fin) y que aprenda que el verdadero amor se prueba en el sacrificio, como el oro se prueba en el fuego.
No pretendo hacerme la víctima o el virtuoso porque a la final no soy ninguna de las dos cosas. Quiero transmitirles ese redescubrimiento de que el que se acomoda no hace más que dejar que su alma se haga soberbia y deje de amar. Dice San Agustín: Ubi amatur, non laburatur. Amando, nada cuesta el trabajo. Pero si te amas a ti mismo en exceso, sólo harás los trabajos que te satisfacen a ti y nos los que le satisfacen a Dios, no los que necesitan las almas. Aparte de que los frutos del apostolado dependen del amor (porque dependen de Dios) y pocos frutos dará un apostolado hecho por comodidad. Como dice el Señor, esos ya tienen su recompensa aquí en la Tierra.
En mi caso es fácil: si elijo la comodidad renuncio a la comunidad. Y eso no lo voy a hacer, y en ese sentido tengo clarísima la película (igual rezad por mí, estimados lectores!!! que la perseverancia depende mucho de la oración de la Iglesia, y si no rezamos todos, muchos no perseverarán.). El problema es que en la mayoría de los casos no es tan radical, pero lastimosamente siempre significa una cosa: si elijo la comodidad, renuncio A LA SANTIDAD. Y puede ser algo tan simple como ir a regalar un pan o decir "Dios te ama" a alguien. Hay que estarse pendientes (moscas!!) para no dejar oportunidad de amar a Dios y al prójimo, y por ahí va la cosa para no acomodarse.
Bendiciones.
Otra cosa: el blog si tiene más o menos visitas pero no tengo ni idea que les parece o que piensan y no se arma el sabroso debate. Incluso si quieren que hable de alguna cosa en especial, díganme y armamos el bochinche, el rebulú y la polémica. Pero algo digan, que sin feedback no se si vale la pena!
Me explico: no estoy diciendo que el servicio consiste en estarse buscando cosas difíciles para hacer porque sino necesariamente soy un soberbio que se autocomplace en la comodidad de sus actos. Yo creo que Dios nos arma a a cada uno con cierta inclinación hacia alguna área del apostolado, y lo hace para que encontremos una estabilidad y nos vayamos enamorando poco a poco, por probaditas, de su servicio. Por ejemplo, yo me siento muy cómodo en lo que se refiere a predicación y enseñanza, hay gente que se siente más llamada a la oración, otros a la organización, otros a un servicio más personal al necesitado (con ancianos, enfermos, etc) y así montón de cosas. Y está muy bien que hallemos ese apostolado y un poco nos especialicemos, porque como dice San Pablo (creo), muchos son los carismas pero uno solo es el Espíritu. A lo que voy es a que yo tengo que ir siempre un poquito más allá. Si a mí lo que me gusta es predicar, corro el riesgo de que cuando me inviten a otro tipo de apostolado (llámese cuidar enfermos o lo que sea) responda negativamente y ponga excusas porque "lo mío es predicar". Lo que está pasando ahí es que probablemente te acomodaste, y tu predicación acaba siendo un tranquilizante de la propia conciencia. Simplemente te quedas en el "yo ya hago lo mío" y te olvidas del hacer TODO lo que puedas, incluido lo difícil. Capaz te has acomodado con hacer ciertas donaciones, o con dar catequesis, o con participar en un grupo juvenil, o con cualquier tipo de servicio. Pero si sólo haces lo que te es cómodo, tu amor es muy chiquito.
Mi ejemplo puede ser muy tonto, pero a mí me pasa que se me dificulta precisamente aquello que ya me era cómodo, seguramente porque Dios quiere que lo aprecie y me salga de la comodidad, que aprenda a decir que sí SIEMPRE. Que lo haga por verdadero amor a las almas y no por rutina o por los consuelos que uno encuentra en el camino (me atrevo a decir que mi renuncia es a uno de esos consuelos, porque corrió el riesgo de convertirse en un fin) y que aprenda que el verdadero amor se prueba en el sacrificio, como el oro se prueba en el fuego.
No pretendo hacerme la víctima o el virtuoso porque a la final no soy ninguna de las dos cosas. Quiero transmitirles ese redescubrimiento de que el que se acomoda no hace más que dejar que su alma se haga soberbia y deje de amar. Dice San Agustín: Ubi amatur, non laburatur. Amando, nada cuesta el trabajo. Pero si te amas a ti mismo en exceso, sólo harás los trabajos que te satisfacen a ti y nos los que le satisfacen a Dios, no los que necesitan las almas. Aparte de que los frutos del apostolado dependen del amor (porque dependen de Dios) y pocos frutos dará un apostolado hecho por comodidad. Como dice el Señor, esos ya tienen su recompensa aquí en la Tierra.
En mi caso es fácil: si elijo la comodidad renuncio a la comunidad. Y eso no lo voy a hacer, y en ese sentido tengo clarísima la película (igual rezad por mí, estimados lectores!!! que la perseverancia depende mucho de la oración de la Iglesia, y si no rezamos todos, muchos no perseverarán.). El problema es que en la mayoría de los casos no es tan radical, pero lastimosamente siempre significa una cosa: si elijo la comodidad, renuncio A LA SANTIDAD. Y puede ser algo tan simple como ir a regalar un pan o decir "Dios te ama" a alguien. Hay que estarse pendientes (moscas!!) para no dejar oportunidad de amar a Dios y al prójimo, y por ahí va la cosa para no acomodarse.
Bendiciones.
Otra cosa: el blog si tiene más o menos visitas pero no tengo ni idea que les parece o que piensan y no se arma el sabroso debate. Incluso si quieren que hable de alguna cosa en especial, díganme y armamos el bochinche, el rebulú y la polémica. Pero algo digan, que sin feedback no se si vale la pena!