Finalmente la encontré. Encontré alguien a quien seguir, a quien admirar, a quien amar incondicionalmente. Encontré una persona que verdaderamente es virtuosa, que cree en lo mismo que yo, y que además se preocupa de que yo viva más plenamente mi fe, y mi vida. Encontré una persona que me tiene toda la paciencia del mundo y que no se enoja conmigo cuando la embarro, sino que más bien busca como hacer para levantarme. Me oye siempre que necesito, me cuida de cosas que ni me doy cuenta y me regala lo que es necesario en cada momento, sea una palabra o algún detalle material. Encontré alguien que conoce a Cristo mejor que yo, y que Le habla de mí con las palabras que yo no encuentro para decirle que soy miseria, que no encuentro el camino, que no sé cómo hacer. Encontré esa persona a la que le puedo contar cualquier cosa, esa persona que ha sufrido tanto que me entiende mejor que nadie cuando le digo que me siento solo, que ya no quiero seguir caminando y que me faltan las fuerzas para trabajar. Hallé alguien que acepte que yo ponga mi vida en sus manos y que está dispuesta a hacerse responsable de que yo sea todo lo que tenga que ser, sin dejar de ser yo mismo. Hallé una mujer poderosa, victoriosa, pero que nunca pierde la sencillez ni la humildad. Una Reina entre las reinas, pero también una Madre entre las madres. Capitana de un ejército triunfante y Esposa del Fuego que trae la victoria. Ternura donde ha faltado el cariño, y Fortaleza donde sobra debilidad; Corazón Ardiente en la defensa de los débiles, y Sabiduría maternal en el cuidado de sus hijos. Madre, Vida, Dulzura y Esperanza Mía queridísima, más aún, mi corazón y mi alma! Soy todo suyo, y todo lo mío es suyo. Me presta sus manos para trabajar, sus labios para orar y predicar, su Corazón para amar. Me cubre con su manto precioso de los fríos del mundo, de la lluvia del pecado, del cansancio de la carne. Me regala su Pureza, y me deja cantarle a voz en cuello que Ella es mi Rosa Fiel, que me sostiene hasta llegar al otro lado. No se queda nada para Ella, todo se lo entrega a Dios, porque no es Ella el fin, es el camino. El camino más hermoso, el camino que el mismo Jesús transitó para venir, y por el que tantos han caminado hasta Él. El camino más recto, más corto, más seguro y más colmado de felicidad. Mi Abogada y mi Consuelo, la que me entregó una vocación de la que no soy digno por pura misericordia. No la adoro, Ella lo adora a Él por mí. No es mi dios, me lleva a mi Dios. No se lo entrego todo para que se lo quede, ella me lo guarda hasta que esté listo para presentárselo a su Hijo. Porque todo quiero hacerlo con Ella, por Ella, para Ella, y en Ella, para más perfectamente hacerlo con Jesús, por Jesús, para Jesús y en Jesús. Por eso hoy sólo escribo su nombre en un acto de entrega, para apreciarlo mejor y darme cuenta de lo que vale ese nombre para un pobre católico como yo:
Totus Tuus María.
Totus Tuus María.
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