Como el chiste que me mandó mi primo el otro día: "Qué queremos?
-Dejar de escuchar reggaetón!!!
-Y cuándo lo queremos?
-Cuando siento el boom de este perreo intenso!
Hago el mal que no quiero, una y otra vez. Es parte de la condición humana, lo que importa es la lucha. Lo que pasa es que por alguna razón a veces uno tiene que cambiar de campo de batalla, o de batallón en el mismo ejército.Y eso puede ser complicado de entender o de aceptar, porque al menos en mi caso eso implica aceptar un fracaso y un fracaso grande.
Abrazar el fracaso no significa dejarse derrotar. Significa hacer las paces con el hecho de que perdiste. Obviamente mientras no estés seguro de que perdiste, no puedes bajar los brazos, y eso es lo que uno hace muchas veces, agoniza por años en una lucha que parece infructuosa. Lo bueno es que no hay luchas infructuosas, porque aprendes, te endureces, te haces más sabio. Así duela.
Hoy acabé una etapa que por muchas razones se siente como que fuera la última de un camino que he recorrido desde que tenía 20 años, y me encuentro ante la decisión impostergable entre el camino de hasta hoy y todos los demás. Y comparto para que los pocos que me leen sepan que ese miedo que a veces uno tiene a tomar decisiones drásticas o radicales es lo más normal, pero mientras sigas dándole, contracorriente y contra la porquería, contra la desidia, contra la tristeza, contra el conformismo y el consumismo, contra el miedo a apasionarse por la vida y por lo que es bueno, bello y verdadero, mientras tengas la conciencia tranquila y el corazón ilusionado, importa un carajo lo que piensen lo demás, los que te juzgan por cuanto ganas y cuántos títulos tienes, que te juzgar por tus habilidades sociales o por cuanto tiempo pierdes lamiéndole las botas al de arriba. Importa un rábano esa gente que aparece sólo cuando todo va bien, y es más, en las encrucijadas de la vida uno tiene una oportunidad única, porque salen a relucir los amigos que valen.
El único que puede tenderte un camino es Dios Todopoderoso. El único que puede caminarlo eres vos. En mi caso en los últimos años he mezclado tanto las penas con tan pocas alegrías que he aprendido a disfrutarlas en serio y a no perder el tiempo con gente que vive con dudas y a medias, que tiene miedo de lo que piensen los otros y que no sabe expresar lo que es y lo que siente. Porque cada conversación cuenta, cada mirada vale. Y yo ya perdí mucho tiempo.
Un poco de pensamientos no del todo conectados, como siempre. Si algo les queda, es que dejen de preocuparse del que dirán. Eso de que hay que ser y parecer no puede limitarse a ser lo que quieres ser y parecer lo que la sociedad (o tu sociedad) piensa que eso significa. Si lo que tú quieres ser no se "parece" a lo que te piden que muestres (en el trabajo, en la amistad, de cara a Dios) entonces algo no cuadra, o estás en el lugar equivocado. Y que tanto nos enmascaremos es señal de que algo estamos haciendo mal.
Yo en la mayoría de aspectos de mi vida hice una opción por el silencio, consciente y meditada. La he vivido creo que por un par de años ya, y me ha ayudado mucho. Callarme no por parecer, sino más bien por desaparecer. Por no estorbar. Por escuchar. Pero creo que esa faceta de mi personalidad, que he logrado hacer crecer, ha de balancearse un poco con la otra, con la peligrosa (socialmente hablando), porque eso es lo que soy. Y el consejo que quiero sacar de esto es eso mismo: ser y parecer es coherencia, no teatro.
Hay que ser muy desocupado para leer los monólogos internos de otros, pero si de algo sirven ahí están. Ya no me voy a callar más.