jueves, 1 de octubre de 2020

Sobre Trump (o la inesperada virtud de ser oportuno)


Advertencia: Todo esto es una divagación basada en lo que veo e intuyo. No voy a citar fuentes, y si me equivoco pues me equivoco. O sea, estoy poniendo un feeling por escrito. Concluyan de ello lo que les parezca.

Tal vez la forma más tonta de ver la elección que en un mes harán los ciudadanos del país más poderoso del mundo es también la más común: como una disyuntiva entre un narcisista repleto de defectos y el títere zombie del establishment. Lo es; pero la reducción de la democracia a los méritos y defectos de sus representantes humanos es sumamente peligrosa. Entre otras cosas, porque en un sistema medianamente estable (y el sistema americano lo es) la personalidad del elegido no puede más que las instituciones establecidas para balancearlo, para limitar su poder y darle participación también a quienes no están de acuerdo con sus ideas; y sus ideas solo serán aplicadas si respetan las reglas de juego más básicas: la constitución en este caso. Por ello, elegir a alguien por su personalidad más que por sus políticas es una trampa que les encanta a las élites que lo apoyan y que se benefician de las políticas que quedan en segundo plano en el discurso de campaña.
Es siempre más importante la corriente filosófica y política que promete cada candidato, y que cuente con el apoyo suficiente de la población reflejado en el poder legislativo. Pero en el caso de Trump parece claro que su fuerza no está en una corriente muy sólida de pensamiento político, sino en el rechazo de la mitad de la población al establishment de ambos partidos. La política de gobierno grande, beneficios a los ricos, exportación de trabajos, resurgimiento de luchas de clases y constante alimentación del "military industrial complex" que ambos partidos en mayor y menor medida empujaron los últimos veinte años o más, acercándose a las élites globalistas europeas, y la evolución de la economía que requiere dos ingresos para pagar un arriendo han dejado una gruesa parte de la población con la sensación de que les han robado el sueño americano. Algunos buscan culpables en los migrantes (que las élites aman como mano de obra barata y relativamente indefensa), y muchos otros ven la clara intención de quitarles sus armas, sus ingresos (a través de impuestos) y su libertad de expresión y religión en las actitudes y acciones de las élites intelectuales costeras. 

El otro lado ve a Trump como un impedimento al "progreso" en todo sentido: quieren que el estado tenga más influencia en la vida económica y social de la nación, y Trump, con su defensa de la causa pro-vida, los derechos individuales del cuidadano con respecto a las armas, su rechazo a la migración y su poca inclinación a participar en guerras lejanas impide la construcción de una sociedad "más justa". 

En pocas palabras, Trump le puso un freno a una ola globalista de corte progresista que ya arrasó con Europa Occidental y los intelectualoides de todo el resto de América, y el establishment no se lo perdona. No se lo perdona China, que quiere un Occidente debilitado por causas decadentes y discusiones de "privilegio" e "identidades sexuales" mientras se come a sus vecinos crudos y a los mercados cocinados (por occidente). Y queda en una posición interesante con Rusia, que defiende principios parecidos en lo social pero sin las libertades personales.

Yo en lo personal creo que ese país ha llegado a ser tan poderoso porque sus ciudadanos han sido esencialmente libres de pensar, decir y hacer lo que les de la gana para salir adelante. Más en unas épocas y menos en otras, pero libres al fin, de una manera que casi en ninguna otra parte del mundo; y una vez Europa Occidental se entregó, los Estados Unidos se convirtieron en el último gran bastión de esa manera de ver el mundo: menos estado, más innovación, menos castas, más mérito. 

¿Qué pasa hoy? Veamos si se me entiende poniéndolo así.

Hace muchos años, los orcos del totalitarismo empezaron su ataque contra Occidente con el Anillo Único: la llamada "Justicia Social" (no voy a entrar aquí a explicar la trampa de la justicia social. Otro día será). Occidente, fuerte en sus valores religiosos y sociales, puso una fuerte resistencia. Elrond e Isildur vencieron al enemigo, pero no destruyeron el Anillo. Y el Anillo empezó a envenenar Occidente desde adentro.
Algunos años después, los orcos atacaron otra vez. Avanzaron desde Mordor (los Soviéticos) y Isengard (los nazis). Occidente resistió, con Aragorn, Legolas, Gandalf, Théoden y la unión de los pueblos libres para evitar la oscuridad. Aparentemente la victoria fue total en este lado del mundo, y se depositó el Anillo allá donde nació. Allá que se maten.
En esta versión de la historia sin embargo, los orcos más guapos botaron preñando a las occidentales más feas, y dejaron sembrada una raza maldita de socialistas en todo Occidente. Estos socialistas siguieron derramando ponzoña en sus países (Latinoamérica a la cabeza) hasta que fueron evitando que la libertad engendre prosperidad en muchas partes del mundo.
Y hoy, sin recurrir a guerras sangrientas, atacan otra vez a la libertad, la vida y el futuro del ideal occidental desde adentro, y no encuentran resistencia. No hay Aragorn, no hay Elrond, no hay Frodo. Todos sus descendientes están cómodos viendo la tele y buscando placer barato, participando de activismos pendejos para saciar la sed de justicia que las sociedades enfermas en que viven han casi asesinado en sus pobladores. Sociedades que permiten cubrir necesidades pero eliminan el ansia de grandeza en un torbellino de consumo y gratificación inmediata. Mientras sus libertades son erosionadas, pelean por las de los perritos. Mientras sus derechos se van restringiendo, buscan restringir los de los otros. Entregan su iniciativa a cambio del derecho a prebendas estatales. Las grandes casas del pasado se han desentendido de su responsabilidad y se ocupan solo de acumular riquezas, que les garantizan estabilidad. Controlan la energía, la comunicación, las finanzas y la salud de miles de millones de personas, y se han aliado con los oscuros políticos: yo no te toco tu riqueza (y evito que te compitan), tú no me tocas mi poder.
Algunos pobres ilusos creen que hacen la revolución contra el sistema, sin darse cuenta de que son peones del sistema para reprimir a los que le representan un verdadero peligro: los hombre y mujeres libres. Los hombres y mujeres libres apenas están despertando a la realidad del embate de las élites contra su vida, su familia y su propiedad. Pero ya entregaron su información, su deuda, su tiempo, y la educación de sus hijos antes de darse cuenta.

Ahora, Trump no es Aragorn. No es ni medianamente Pippin. Pero por esas casualidades de la vida, es el representante de los hombres y mujeres libres (aunque inluso muchos de ellos no se den cuenta), la figura visible de resistencia a la entrega de Minas Tirith a las fuerzas del Señor Oscuro. Es el único que en su narcisismo vio que tomando la bandera de Occidente podía ser presidente, y sin saber leer ni escribir, transformó su habilidad para persuadir y innegable capacidad para la burla en una plataforma fuerte para valores que nunca ha vivido. 
Hay otros focos de resistencia. Pero esos focos de resistencia (Polonia, Hungría, etc) corren el riesgo de sobrecorregir y generar totalitarismos fascistas. Trump tiene la ventaja (aunque tal vez él preferiría que no sea así, no es ningún santo) de que el sistema en el que se basa su país es fuerte y tiende a la libertad.

Hay quienes quieren que pierda porque la situación es inestable. No parecen notar que la estabilidad anterior era un constante descenso al abismo, y ahora hay un esfuerzo desestabilizador de los poderosos que hace perder la paz. Si gana Trump, seguirá la lucha. Si pierde, la resistencia será aplastada y la relativa libertad que aún tiene el mundo civilizado menguará a estados de vigilancia policiales, la destrucción de la familia y a un aumento aún mayor de la desigualdad que tanto condenan.

Yo quiero que gane. Pero yo qué sé. Capaz las horribles que quieren quemar el centro en nombre del aborto tienen razón. Capaz los ilusos que entregan su información a las aplicaciones chinas no tienen nada que temer. Capaz debemos permitir que Europa sea invadida por salvajes que violan y pegan a las que se atreven a usar falda. Tal vez debemos dejar que metan preso al que dice que el pecado es pecado, y dejar que degenerados eduquen a nuestros hijos. Tal vez el progreso en verdad es dejar que los "sabios" y los "cultos" nos pastoreen como animalitos, que censuren los libros y eliminen los episodios de las series que les parecen ofensivos. 

Tal vez Minas Tirith ya cayó, y vienen por nosotros a La Comarca. 

Espero que no.   

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