El otro día me encontré esa frase genial de Mark Twain (o al menos a él se la atribuyen) que dice algo así como "Los políticos y los pañales deben cambiarse con frecuencia. Y por las mismas razones". Y me puse a pensar en ese género literario que está tan de moda y que de hecho a mí me gusta full, el de la ficción distópica. Normal es que a uno como yo, que cree que el mundo está lleno de conspiraciones y sociedades secretas le guste dicho género, aunque a veces me creo lo que dice la versión fílmica de esa obra maestra de las ideas que es The Hitchhiker´s Guide to the Galaxy, cuando el protagonista (Arthur Dent) descubre que la Tierra no es lo que aparenta y dice que siempre ha sentido que lo están observando y algo grande está pasando (o algo así) y el man que le pasa el dato (que se llama Slartibartfast) le dice que eso sólo es paranoia perfectamente normal, y que todo el mundo en el universo la tiene. Igual, algunas reflexiones sobre este género tan cool, para que lean, vean, jueguen, y se hagan paranoicos como yo.
¿Qué es la ficción distópica? En pocas, es aquella en la que se da lo contrario de una utopía. Donde un cierto plan del gobierno para la felicidad perfecta de sus ciudadanos simplemente salió mal y todo se está yendo al Cairo.
Ejemplos: Entre los más recientes tenemos Hunger Games, donde los poderosos tienen a los de abajo aplastados y usan los juegos del hambre como símbolo de su poder, y como distracción para los otros de arriba, que acaban siendo unos insensibles embotados por el pan y el circo. De paso, aquí vale mencionar el grandísimo precedente que sentaron en ese sentido dos excelentes (y subvaloradas) novelas de Stephen King: The Running Man y The Long Walk. No sólo por el uso del circo como distracción y control (reality shows anyone?) en los cuales gente participa muchas veces por necesidad y otras por una enfermiza necesidad y deseo de fama y fortuna, de ser "alguien" (reality shows anyone?) sino también por "libertades" controladoras, como la legalización y casi que ánimo de parte del gobierno al consumo de marihuana, en el caso de la sociedad del Running Man.
Otro ejemplo reciente es Divergent, donde la manipulación genética del gobierno ha generado sociedades falsas a manera de experimento, y una discriminación genética parece ser excusa para desviar la atención de otras injusticias.
Aquí vale hacer una pausa para decir que si bien Hunger Games y Divergent son bieeeen entretenidos (3 libros cada uno) tienen el problema de la relación sentimental escrita por mujeres, en la que el lector varón se indigna porque las mujeres actúan como mujeres (y por ende no se les entiende nada) y los varones también actúan como mujeres (y te das cuenta de que estas autoras entienden a los hombres tanto como nosotros a las mujeres) muy a la Harry Potter, donde la relación entre Harry y sus amigos más se parece a la relación entre las protagonistas de Mujercitas que a la de una Band of Brothers. Dicho esto, Harry Potter para mí es literatura de supermercado, aunque algún mérito ha de tener si genera tanta plata. Yo creo que capaz es porque apunta a los huecos de la civilización occidental: sentimentalismo, obsesión con lo oculto, fuga de la realidad a través de soluciones mágicas y no trabajo, etc. Esa es mi opinión, insúltenme a gusto.
Después hay que mencionar a los grandísimos representantes de este género: George Orwell y Aldous Huxley, con 1984 y Brave New World respectivamente.
En la de Huxley (publicada en 1932) hay algunos elementos que vale la pena pensarles: una sociedad cuya población está limitada a un número específico, absoluta promiscuidad sexual, destrucción de los conceptos de familia, reproducción planificada y tecnificada, control a través de drogas (las cuales buscan suplir las necesidades de realización y absoluto), establecimiento de castas a través de la genética y el lavado de cerebro desde la más temprana edad, condicionamiento para que la gente odie estar sola y el concepto de ser individual sea descartado, consumismo institucionalizado, etc.. ¿No les suena conocido?
En 1984,tenemos el estado totalitario que vigila cada uno de tus movimientos y reescribe el pasado para que esté de acuerdo con los "ideales" del partido. El proverbial "Big Brother" siempre te está viendo, no te vayas a salir de la línea que se te ha asignado. Igual, hay un sistema de castas, unos pocos privilegiados con el Hermano Mayor por encima de todos.
Aparte tenemos ejemplos como Matrix, que nos movió el piso a los que teníamos unos 15 años cuando salió, por ese concepto de despertar a la falsedad de la sociedad en la que te mueves para darte cuenta de que en verdad eres un esclavo, un engranaje en el sistema.
Otro ejemplo que me encanta es Bioshock. En esta historia un hombre construye una ciudad submarina bajo una premisa: "NO GODS OR KINGS. ONLY MAN". Pero la absoluta libertad moral lleva a líos de poder y a la destrucción de la sociedad por una manipulación genética que, sin límites éticos, vuelve locos a los habitantes y los convierte en armas vivas. A la final tú eres un peón en el juego de poder de otros, manipulado en todos los sentidos.
Bioshock Infinite también tiene una historia interesante, que muestra la lucha de un hombre contra un todopoderoso "Profeta" que controla una sociedad desde el miedo religioso y la promesa de no cometer los errores del mundo de abajo, o incluso corregirlos desde su sabiduría. Después vas cachando que hay muchos caminos que el mismo hombre puede recorrer, y el choque cuando esos caminos se entrecruzan.
Ahora, ¿a qué voy con todo esto? Muchas de estas obras tienen una característica. Hacen lo mismo que los cómics: llevan al extremo una situación para que sea evidente y veamos clara la película. Pero podemos ver algunas cosas interesantes que a mí me gusta masticar.
Uno: los métodos de control. Desde el control del poder militar, pasando por el control de la información, llegando a la satisfacción de las necesidades materiales y sensuales podemos ver cómo se han controlado las sociedades desde siempre. Otra es la elevación de gente común al nivel de dioses infalibles, o la promesa de la absoluta libertad que se cae por su propio peso.
Dos: las motivaciones de los de arriba. Creen entender la naturaleza humana y el funcionamiento social, y son más inteligentes que los demás, más preparados, mejores. O simplemente les gusta el poder y sus beneficios.
Tres: el espíritu humano que siempre acaba por rebelarse contra el sistema que se le quiere imponer, porque intuye que hay algo más y ese algo es esencialmente indomable e incómodo para el sistema.
Hay un hilo común en las sociedades distópicas de la ficción: el borreguismo. La comodidad por encima de todo. Desde el totalitarismo más totalitarista del mundo mundial hasta la pretensión de una libertad moral y económica total (en la que en lo único que no tienes libertad de hacer es cuestionar los límites de la libre libertad libertaria) encontramos el mismo problema, y es que el hombre no puede vivir de pan y circo o como animal de carga mientras los de arriba hacen lo que quieren. Y por eso es que los políticos y los pañales tienen que cambiarse con frecuencia.
No sé la intención de los autores de las obras. Reflexiono un poco, a mi gusto y como me da la gana. Luego no me salgan con que tal y cual autor pensaba tal y cual cosa, porque yo rescato lo que me parece y saco unas ideas que me inquietan, y que me llevan siempre a Dios.
Siempre a Dios porque sólo en Él encuentro el equilibrio en la libertad y la respuesta al desbalance que se genera cuando uno no quiere ser lo que otros quieren que sea. Sólo Él confirma ese sentimiento de que no basta con comida y sexo, de que el sacrificio vale y que en el Otro se descubre que yo también soy uno, único, con propósito. (Entre paréntesis, averigüen de la vida de Orwell, que aunque no parece haber encontrado a Dios es un tipo interesantísimo. Lo mismo Camus.) En Dios hallo que puede funcionar el ser individuo y deberse a los demás, ni en el absoluto colectivismo que anula a la persona ni en el absoluto individualismo que anula lo que tenemos en común y los límites de nuestra libertad. Porque en muchos de estos ejemplos lo que parece acabar por romper el molde acaba siendo el amor, y Dios es Amor.
No se si este post acabe teniendo algún valor para alguien más que yo. Pero si algo sacan, aparte de buscar leer y jugar más, que sea un poquito de paranoia y un poquito de rebeldía. Lo justo y necesario. Porque yo sí tengo algo de miedo, porque cuando se mueran los últimos que sí vieron a Hitler y a Stalin y sí trabajaron con sus manos y sí jugaron en la calle y sí leían a Orwell, nos va a quedar a nosotros impedir que se olvide la obligación perenne de cambiar los pañales. De hallar el equilibrio. De ver qué proponemos, más allá de lo que nos propone comprar el mercado para solucionar nuestra vida, o lo que están haciendo los que son cool en el Facebook. Cuando no baste con verte guapo/a en la selfie con 200 likes y busques llenar el vacío con sexo o con drogas o con plata, piensa en Orwell y en Huxley, piensa en Stalin y en Bill Gates, piensa que les estás haciendo el juego a los malos, y que hay a quienes amar, y por los que dejarse amar. Hay Otro, que nos amó primero.
TOTUS TUUS.