viernes, 6 de julio de 2012

Un poco de todo (más serio de lo normal).

Hace algunos días que no escribo nada, y me senté hoy (sin libreta ni nada) y decidí dejar que fluya lo que tenga que fluir, sin mayor orden ni concierto. 
Resulta que pensé que iba a tener algo de paz este fin de semana. No porque no tenga nada que hacer (más bien tengo copado el tiempo) sino porque una preocupación que tengo parecía que iba a "esconderse" unos pocos días. Resultó que no. A veces la vida te sirve el plato lleno y no se preocupa de que estés en capacidad de tragar tanto, y yo creo que es la forma que Dios tiene de decirnos que es muy soberbio el que cree que puede lidiar con todo al mismo tiempo. A veces tenemos que dejar algunas cosas para otro rato, y aprender a priorizar.
Hablando de priorizar, el Ecuador se está yendo como por un caño a velocidades nunca antes vistas. No hablo de los desastres a nivel económico, ni de las restricciones que nos dejamos poner como pueblo ciego, letárgico y sumiso; hablo de que nos vamos al caño en lo moral. La mayoría del pueblo ecuatoriano profesa algún tipo de cristianismo, y de esa mayoría la mayor parte profesa el catolicismo. Sin embargo se propone la despenalización de ciertos "tipos" de aborto (el aborto provocado no tiene tipos, son todos asesinato) y los ecuatorianos seguimos más preocupados de nuestro bolsillo que del bien y la vida del otro. Que dolor. Obviamente hay gente que lucha mucho más que yo para obtener el sustento, y no puede ocuparse de controlar a los "brillantes" que nos gobiernan, pero también hay de los otros, que están más preocupados de comprarse un iPhone o irse de viaje que de las cosas que son realmente importantes.
Se persigue a un sacerdote por declarar la verdad de Cristo. Por decir las cosas sin pelos en la lengua (y sin ser grosero ni incitar al odio). Lo que está mal está mal. Y nosotros, la gran mayoría, nos quedamos callados. Se nos quiere imponer doctrina y filosofía por parte de lo que algunos han llamado "la nueva Inquisición". Sin embargo los acusados de intolerantes somos nosotros, los creyentes. 
Quede claro: a mis hijos NO les van a enseñar que el homosexualismo está bien, y que la identidad sexual es un constructo social. NO LO VAMOS A PERMITIR. Como no lo permitieron los mexicanos a principios del siglo pasado, y como a ellos, no van a callarnos. Vamos a proclamar lo que creemos desde las azoteas, y brillará la luz de la verdad. Sepan que no luchamos con nuestras fuerzas, sino que lo hacemos desde la Cruz de Cristo y el Inmaculado Corazón de María. No lo hacemos por odio. No lo hacemos por mantener algún supuesto poder. No lo hacemos para mantener subyugada a la mujer. Lo hacemos porque hemos experimentado la vida sin Cristo y la vida con Él, y nos damos cuenta de la diferencia. Porque Él ha dicho: "conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8,32) y queremos ser libres.
Hay que despertarse, porque el mal no descansa. El odio, la violencia, la impureza, la droga, el hedonismo salvaje se llevan por delante a tanto joven que no hay quien se ocupe de ver las cosas como son, vivimos en un mundo de esclavos. Pero, ¿somos nosotros también esclavos? Preguntémonos si nos hemos liberado de esas ataduras antes de querer cambiar el mundo, porque un esclavo no puede liberar a otro esclavo. A menos que sea un esclavo que se entregue totalmente al bien, un esclavo de Jesús por María, por ejemplo. No por sus méritos, sino porque María lo guiará, y actuará el poder de Dios.
Esas son algunas cosas que tengo en la mente. ¿qué piensan ustedes?
Bendiciones.
TOTUS TUUS.

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