Hola, queridos lectores! he vuelto! La verdad iba a escribir un post medio sombrío y meditabundo sobre la dirección que está tomando el mundo hacia algo muy parecido a lo que George Orwell describe en "1984" (libro que si no te has leído, pues te recomiendo encarecidamente, porque todos tenemos que tener un alguito de paranoia contra el poder. También te recomiendo Animal Farm, o por su título en español, "Rebelión en la Granja"). Pero hoy me dieron una noticia muy buena que me comprobó una vez más que lo que se le confía a María Santísima no se pierde nunca, y por ello decidí reflexionar más bien sobre lo que implica servir a Dios con algo de constancia y coherencia.
Advierto una vez más que yo no soy santo, y que tengo altos y bajos como todo el mundo. Pero algo he aprendido de mi experiencia y de la de los demás alrededor mío sobre esto de caminar "por la senda estrecha" y buscar la voluntad de Dios. Y por eso vuelvo a las andanzas con otro post religioso ("otro! ya me tiene cabezón este man con sus curuchupadas" dirán algunos. Pues sí. Y como este es mi blog, salados, viva el internet 2.0!!!).
Lo primero: cuando te domina la tristeza, pues algo anda mal. Lo digo porque estos días algunas cosas de la vida laboral y personal me han puesto como triste, y yo cuando me pongo triste me pongo huraño, y de paso medio enojón. Los santos dicen que uno de los más grandes beneficios de estar con Dios es la alegría, y que la tristeza es muchas veces acción del maligno. Esa tristeza (que no es la tristeza normal por la pérdida de un ser querido, o por un fracaso amoroso o profesional, o de cosas más mundanas como que haya perdido la Liga y no le gane ni al Técnico Universitario) es una tristeza que sólo puede ser consecuencia de una tentación o de que has perdido de vista que no hay nada más importante que el amor de Dios, y que si lo tienes, nada de lo que pase a ningún nivel te puede verdaderamente lastimar. Como dice la poesía (creo que es de Santa Teresa):
Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene, nada le falta:
Solo Dios basta!!!!!
Cuando pierdes de vista esto, pues le agarras pereza a las cosas de Dios. Comienzan esas dudas de si capaz te exige mucho, que capaz te impide disfrutar la vida, capaz igual puedo vivir mi fe pero un poco más relajado, etc. Y las cosas (y las personas) de Dios se convierten en una carga, un fastidio. Las obligaciones con Dios que hayas asumido (rezar el Rosario todos los días, por ejemplo) que están llamadas a ser tu sustento en el camino parecen convertirse en obstáculos para tu felicidad. Perdiste de vista la meta, y la alegría que te debe dar el saber que Dios (y María Santísima, totus tuus!!) te cuida y TE AMA HASTA DARSE ENTERO POR TÍ se pierde, y ese saber es un escudo poderosísimo contra la rutina, el aburrimiento, la tibieza, la tristeza. Ante la duda, una revisadita al capítulo 8 de Romanos:
y un poco después:
8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Y finalmente:
8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
8:36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Amén! Repetida hasta el cansancio, otra frase de santos para acabar: "un santo triste es un triste santo". Por ello doy permiso universal para que cuando me vean trompudo me exijan, en nombre de María, que muestre los canguiles (llámese, que sonría, para los que no están familiarizados con el slang de mi pipol) y se ganarán chocopuntos a millares surgir. Dicen los santos que así como la alegría es contagiosa, la tristeza lo mismo. ¿Cuál quieres contagiar? Pasemos a otra cosa.
Por experiencia puedo decir que después de caminar con Cristo, el camino sin Él no tiene ningún sabor. "Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso quien se acoge a Él". El otro día alguien me preguntaba por ciertos miembros de mi comunidad, y yo con tristeza enumeraba muchos (MUCHOS!) que se fueron y ni siquiera porque encontraron una mejor vocación. Y eso me llevó a pensar en como yo anduve por esas, y me pareció importante hablar de eso un poquito. La decisión del camino que vas a seguir dentro de la vida con Dios es de suma importancia. No se puede tomar a la ligera, porque es una decisión vocacional. Dicen también los libros espirituales que para tomar ese tipo de decisión no hay que hacerlo en medio de la tribulación. Cito la regla de San Ignacio de Loyola citada en "Reglas para el Discernimiento de los Espíritus" de Ludovico María Barrielle:
Advierto una vez más que yo no soy santo, y que tengo altos y bajos como todo el mundo. Pero algo he aprendido de mi experiencia y de la de los demás alrededor mío sobre esto de caminar "por la senda estrecha" y buscar la voluntad de Dios. Y por eso vuelvo a las andanzas con otro post religioso ("otro! ya me tiene cabezón este man con sus curuchupadas" dirán algunos. Pues sí. Y como este es mi blog, salados, viva el internet 2.0!!!).
Lo primero: cuando te domina la tristeza, pues algo anda mal. Lo digo porque estos días algunas cosas de la vida laboral y personal me han puesto como triste, y yo cuando me pongo triste me pongo huraño, y de paso medio enojón. Los santos dicen que uno de los más grandes beneficios de estar con Dios es la alegría, y que la tristeza es muchas veces acción del maligno. Esa tristeza (que no es la tristeza normal por la pérdida de un ser querido, o por un fracaso amoroso o profesional, o de cosas más mundanas como que haya perdido la Liga y no le gane ni al Técnico Universitario) es una tristeza que sólo puede ser consecuencia de una tentación o de que has perdido de vista que no hay nada más importante que el amor de Dios, y que si lo tienes, nada de lo que pase a ningún nivel te puede verdaderamente lastimar. Como dice la poesía (creo que es de Santa Teresa):
Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene, nada le falta:
Solo Dios basta!!!!!
Cuando pierdes de vista esto, pues le agarras pereza a las cosas de Dios. Comienzan esas dudas de si capaz te exige mucho, que capaz te impide disfrutar la vida, capaz igual puedo vivir mi fe pero un poco más relajado, etc. Y las cosas (y las personas) de Dios se convierten en una carga, un fastidio. Las obligaciones con Dios que hayas asumido (rezar el Rosario todos los días, por ejemplo) que están llamadas a ser tu sustento en el camino parecen convertirse en obstáculos para tu felicidad. Perdiste de vista la meta, y la alegría que te debe dar el saber que Dios (y María Santísima, totus tuus!!) te cuida y TE AMA HASTA DARSE ENTERO POR TÍ se pierde, y ese saber es un escudo poderosísimo contra la rutina, el aburrimiento, la tibieza, la tristeza. Ante la duda, una revisadita al capítulo 8 de Romanos:
8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. y un poco después:
8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Y finalmente:
8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
8:36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.
8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Amén! Repetida hasta el cansancio, otra frase de santos para acabar: "un santo triste es un triste santo". Por ello doy permiso universal para que cuando me vean trompudo me exijan, en nombre de María, que muestre los canguiles (llámese, que sonría, para los que no están familiarizados con el slang de mi pipol) y se ganarán chocopuntos a millares surgir. Dicen los santos que así como la alegría es contagiosa, la tristeza lo mismo. ¿Cuál quieres contagiar? Pasemos a otra cosa.
Por experiencia puedo decir que después de caminar con Cristo, el camino sin Él no tiene ningún sabor. "Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso quien se acoge a Él". El otro día alguien me preguntaba por ciertos miembros de mi comunidad, y yo con tristeza enumeraba muchos (MUCHOS!) que se fueron y ni siquiera porque encontraron una mejor vocación. Y eso me llevó a pensar en como yo anduve por esas, y me pareció importante hablar de eso un poquito. La decisión del camino que vas a seguir dentro de la vida con Dios es de suma importancia. No se puede tomar a la ligera, porque es una decisión vocacional. Dicen también los libros espirituales que para tomar ese tipo de decisión no hay que hacerlo en medio de la tribulación. Cito la regla de San Ignacio de Loyola citada en "Reglas para el Discernimiento de los Espíritus" de Ludovico María Barrielle:
"En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consolación. Porque, así como en la consolación nos guía y aconseja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar"
En pocas, toma decisiones cuando estés bien, para estar seguro de que las tomas de acuerdo a la voluntad de Dios. El sentirte incómodo o mal no es señal de que no estés en el camino correcto, simplemente es señal de que estás incómodo y te sientes mal! Si tienes que cambiar de camino, pues Dios te llevará. Y si, como yo, estás consagrado a María Santísima, pues listo el pollo, Ella NO FALLA.
Otra cosa útil es preguntarte si en los otros caminos que estás considerando también vas a tratar con todo tu ser de ser SANTO. Si no, pues probablemente es tentación. La vocación a la santidad es universal, y ahí verás si lo que quieres es encontrar el mejor camino para la santidad (que va a ser el que Dios quiera) o simplemente quieres huir de una exigencia, o a veces incluso de alguna persona (y yo he visto que eso pasa mucho cuando te gustaba alguien y se fue con otro y te cuesta su presencia, o te cae gordo el jefe).
Ya me alargué, y si escribo más no han de leer. Bendiciones, otro rato completamos!
totus tuus!
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