lunes, 16 de abril de 2012

Sobre si quiero ser santo

Una vez más expongo unas pocas ideas no muy conectadas y que tal vez solo tengan sentido desde mi experiencia personal. 
En el camino espiritual una vez empezado me he encontrado con 2 posibilidades claras:


a) Vas viendo cual es tu vocación o posición y a medida que avanzas decides ser santo; o


b) Decides ser santo (y listo el pollo).


La segunda es simplemente la correcta. "Busca primero el Reino de Dios...". Pero yo obviamente (y para darle el toque irónico a la cosa) siempre he optado por la primera. Lo bueno de eso es que me ha tocado aprender por las malas algunas cosas interesantes.
Ahora voy a escribir sobre el problema de la pureza de intención (y solo desde par aspectos).


Cuando vas por el camino a) suele pasar que te enganchas del trabajo espiritual (en mi caso de la prédica en público) y como haces generalmente algo que se te da natural y a lo que te sientes llamado (para otros la cosa va más hacia el trabajo social, o la vida de oración, o el estudio y la escritura, por ejemplo) ese algo bueno en sí mismo y bienintencionado casi siempre acaba convirtiéndose en un fin y un límite. 
Comienzas a limitarte a cumplir. La ley de Dios es el amor; ahora, una de las condiciones para que el amor sea real y pleno es que no elija las circunstancias en que va a amar, sino que ame donde toque y como toque. Entonces por más santamente que predique (o sirva al necesitado o lo que sea) no voy a ser santo porque mi amor es cómodo, nunca se sale de su comfort zone. Ahora yo me doy cuenta de que si hubiera tomado una opción radical por la santidad desde el vamos hubiera sido mucho más difícil asumir inconscientemente que lo mío era la prédica y nada más. La prédica para mí acabó siendo un fin, en el sentido de que satisfacía una necesidad: la de creer que algo hacía.
Cuando la meta es ser bueno y estar con Dios, y ayudar, y lo que quieras, pero no ser santo, te apoyas en cosas distintas de Cristo para mantenerte a flote. Dichas cosas pueden ser el momento ameno (ameno que no te guste! jejeje chiste malo inevitable) que pasas con tu comunidad de fe, los amigos que haces en ella, etc. Y pasa lo mismo: esas cosas buenas y hermosas que son parte valiosa de la vida cristiana dejan de ser medios para la santidad y fuentes de fuerza y se convierten en fines en sí mismos.
A mí me pasó lo siguiente: una amistad hermosa que yo tenía acabó conmigo perdidamente enamorado de la chica (cosa que no tiene nada de malo, dicho sea de paso). La cosa es que no me quería dar cuenta de que más me preocupaba si estaba ella o no que el servir y ser santo. Iba a mis actividades religiosas mas por ella que por Cristo. Cuando el asunto llegó a su punto crítico me tocó asumir que estaba motivándome egoístamente, que esa persona era una muleta de mi vida espiritual y que debía reflexionar sobre mi vocación al servicio en mi comunidad. Y nótese que yo nunca pensé en mi comunidad como un sitio para conseguir novia o amigos, o contactos, ni nada por el estilo, pero al no tener clara la meta de la santidad "by any means necessary" yo escondía mi supuesta meta de Cristo (bienintencionada y todo) en cualquier cosa pasajera (te preguntas de quién me enamoré? ese no es el punto y te prohibo averiguar, porque no te va a llevar a crecer en santidad. Es más, el chisme es el peor enemigo de la comunidad cristiana.).
La vocación a la santidad, que es para todos (no sólo curitas y monjitas), es algo en lo que el católico promedio no ha pensado jamás. Creemos que capaz suena muy difícil y por tanto no debemos predicarlo para que la gente no se asuste, cuando en verdad sólo el amor radical convence,sólo la exigencia absoluta implica premio valioso. Tenemos en el alma esa concienciade que lo que en verdad vale se gana con esfuerzo, y por eso no perseguimos lo que se nos presenta fácil, tibio. Si Cristo cambió el mundo fue dando su vida. Esa radicalidad convence. Lo demás, como dice el Eclesiastés, es vanidad. Y como dice San Pedro, el oro se prueba en el fuego.
Busco simplemente apoyar el argumento de que la diferencia entre querer ser bueno y virtuoso y querer ser santo no es menor, porque la una es la típica del "cristiano pero no fanático" y la otra es la del cristiano,; y porque la una no necesariamente conduce a la otra (como yo creía). En la una la meta acaba siendo difusa, y por ende acaba acomodándose al caminante. En la otra se es o no se es. En la una valen muchas cosas. En la otra "solo es una la que importa". Yo perdí mi norte sin mala intención y queriendo servir. Si no quieres perder el norte, vive con la convicción de que lo único que vale en esta vida es ser santo y nada más.
Ya me quedé sin cuerda otra vez. Bendiciones.

1 comentario:

  1. Magistral. Simplemente magistral. Lecciones de vida para cristianos, puestas en palabras que entendamos los ciudadanos comunes. Cual debe de serrr.

    Bendiciones, y ¡adelante en el camino hacia la santidad!

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